"Cerezos en flor". Doris Dörrie.
Este interesante film de la alemana Doris Dörrie refleja, a pesar de su exotismo, una situación frecuente en numerosas parejas, especialmente entre las de cierta edad. Uno de sus miembros renuncia a sus sueños, a su verdadera personalidad, para vivir una existencia anodina junto a su compañero. Es realmente triste observar la frustración y sumisión de esta mujer alemana, talentosa bailarina de una danza tradicional japonesa, que abandonó su vocación para vivir en un pueblo perdido de la Alemania profunda. La escena en la que se ve su rostro silencioso, ausente, enmarcado en la ventana, mientras al fondo se afanan haciendo aerobic otras mujeres maduras, me resultó conmovedora. Es como un ave del paraiso, un ave con plumaje de brillantes colores, nacida para volar, pero encerrada en una jaula pequeña. Es la triste mirada de los animales enjaulados.
Y, mientras esta mujer renuncia a sí misma y vive volcada en las necesidades de su compañero, al que cuida con ternura y abnegación, éste, áspero y orgulloso, ignora totalmente los verdaderos sentimientos y sueños, las profundidades del alma de la mujer que duerme a su lado, que le hace el café y le sacude con mimo las migas de la ajada chaqueta. Qué triste. Y, como sucede a menudo, la grandeza de su amor y la verdadera naturaleza de su compañera, es comprendida demasiado tarde, cuando ella ya no está, cuando ha fallecido.
Se desata entonces un desesperado intento por cumplir el sueño de su mujer, viajando a Japón para visitar el monte Fuji, tal como ella soñaba, a pesar de que él mismo padece una enfermedad terminal. De gran patetismo es la escena en la que, tras deambular por las calles de un Tokyo inhospito, entra en un burdel y termina llorando desconsoladamente ante dos adolescentes prostitutas en un baño. También resulta conmovedora la costumbre de llevar una prenda de vestir y un collar de su mujer bajo su propia ropa, como un intento de compensar a la difunta permitiéndole alcanzar, a través de su persona, la experiencia que no tuvo en vida.
En un parque conoce a una mendiga, una extravagante, pero lúcida muchacha, que baila como su mujer, y que le acompaña en su viaje de redención. Compasiva y sin prejuicios, le enseña el significado del baile y se convierte en su guía y apoyo. Finalmente, nuestro protagonista llega ante el monte Fuji, y, mientras baila travestido y maquillado, en una emocionante pero sencilla escena, muere fulminado, pero feliz y liberado.
Tras su muerte, su experiencia permanece auténtica a pesar de que la directora la enfrenta a la visión burguesa y convencional de los hijos de la pareja, cuyo supuesto carácter y forma de vida progresista resulta ser una fachada, una impostura, que les impide comprender el acto de su padre.