

La Peste.
Acabo de terminar de leer otra estupenda obra de la escritora francesa Fred Vargas. La motivación y resolución de los crímenes que resuelve el desastroso, pero fascinante, comisario Adamsberg me resulta, como siempre, un tanto rocambolesca pero la acción consigue una vez más atrapar y mantener mi atención hasta el final. No sé qué tiene, pero me encanta leer las obras de Vargas. Tal vez es el universo parisino, los personajes, tan imperfectos y, por tanto, humanos, la intriga o la narración sencilla y a la vez sugerente. O todo a la vez.
Me ha parecido muy interesante la utilización del tema de la Peste, la reaparición del terror secular ante una epidemia que devastó la tercera parte de la población del continente. Toda la trama se basa en el pánico desatado en París ante un posible brote de esta terrible enfermedad. Pero lo más fascinante es comprobar como el recuerdo del pasado sigue ahí, en la memoria colectiva, agazapado en algún olvidado rincón del subsconciente, preparado para revivir, saltar al exterior y aterrorizar a la población en cualquier momento. La gripe común causa muertos todos los años, pero basta que aparezca un nuevo tipo, y que los medios de comunicación establezcan las relaciones adecuadas, para que reaparezca de nuevo el espectro negro, arrastrando sus jirones y sus pústulas desde los sombríos pozos del pasado. Otra vez reacciones de pánico, rechazo a los infectados, búsqueda de soluciones milagrosas, ...
Estaciones espaciales, biotecnología, robótica, internet, y mil cosas más. Pero seguimos siendo aquellos seres vulnerables, atemorizados ante las fuerzas de la naturaleza, ante el poder de las enfermedades, de lo desconocido, de la muerte. Somos siempre los mismos.
Imágenes. 1. Dottore della Peste. máscara del Carnaval de Venecia, que representa al médico que atendía a los apestados. La máscara contaba con lentes de cristal, y con un apéndice nasal relleno de especias para purificar el aire que respiraba. 2. Máscara para protegerse de la Peste. Deutsche Museum de Berlín.

Sobre la peste, creemos lo queremos creer. A veces necesitamos temores para sentirnos vivos, buscando amenazas reales o imaginadas.
ResponderEliminarEl problema no es realmente lo que queremos creer, sino lo que otros consiguen que creamos, y las razones por las que interesa que creamos eso.
ResponderEliminar