viernes, 4 de junio de 2010

La violinista


Sentada junto a la ventana, bajo un abigarrado espejo veneciano, la muchacha trocea con delicadeza el croissant con aire pensativo. Luego alinea con cuidado los pedacitos junto a su pequeño violín de madera rojiza. Marc la observa fascinado desde la terraza. Desde que la parejita de turistas italianos abandonó la mesa del rincón y la descubrió tras el cristal, no puede apartar sus ojos de ella. Su rostro agraciado y su extraño ceremonial le intrigan. Mientras se da ánimos para decidirse a entrar en el café y dirigirle la palabra, pasan tres bicicletas desvencijadas, dos fatigadas comitivas de alemanes y sus respectivos guías, cinco universitarios con resaca y baguette y una ancianita con su gato.
Entonces, por un breve e intenso instante, la muchacha vuelve la cabeza y le mira directamente. Sus melancólicos ojos le sonríen, y Marc se olvida de que hoy es viernes y su novia Sandrine le espera desde hace media hora en la puerta del Conservatorio.
De pronto, el camarero tropieza y las copas se quiebran contra los adoquines. Marc, aturdido desvía la mirada hacia los cristales que caen a sus pies. Cuando vuelve a mirar la ventana, la joven ha desaparecido. Sus ojos la buscan en vano entre los clientes que ocupan la terraza y las mesas tras los ventanales.
No queda otra solución. Tras pagar, se levanta y entra en el café. Pero nadie ha visto a la misteriosa desconocida. Los camareros le miran con cierto fastidio. Sólo el anciano que se sienta en una mesa reservada, le mira con extraño interés tras su copita de Calvados. Pero permanece en silencio. Confuso, Marc sale del local y entonces, al girarse, ve la desgastada placa en la fachada, cerca del ventanal.
"Aquí fue muerta el 17 de agosto de 1944 la joven Marie-Isabelle Olivier, estudiante del Conservatorio, víctima inocente del ataque indiscriminado de la Gestapo al Café Baliard, refugio de resistentes, durante la Liberación de París".
María Ramírez (Registrado)