martes, 19 de julio de 2011

La Catedral del mar



Este verano, antes de viajar a Barcelona, he leído "La catedral del mar", de Ildefonso Falcones. A pesar de cierto sentimentalismo y algunas situaciones algo forzadas, en conjunto es un libro interesante y bien ambientado desde el punto de vista histórico. Me ha resultado muy sugerente visitar unos días después la zona antigua de la ciudad. Al anochecer, recorrer en soledad las estrechas y sombrías callejuelas medievales , farolas mortecinas, losas de piedra, el silencio de siglos, y el olor, el olor del pasado.


Aún se puede ver la puerta de la Madrona, y restos de las murallas. El barrio gótico, con el "call", la zona de los judíos, la catedral, algunas plazas, y, por supuesto, la impresionante Santa María del Mar, en el barrio de la Ribera. En el templo, al situarse en el crucero, se puede observar las figuras de los "bastaix" representados en las vidrieras de la izquierda, cargando las piedras para su catedral sobre sus espaldas, conmovedor espectáculo de la credulidad humana y los abusos que sufre. También son interesantes los medallones con figuras situados en el centro de las nervaduras de cada tramo de bóveda de la nave central. Y, por último, la maqueta de la Barcelona medieval que hay en el vestíbulo del Museo Marítimo, las Drassanes (o atarazanas), permite hacerse una idea de la disposición de la ciudad en la época. Y mejor si se visita el museo y se contempla el edificio y las embarcaciones que hicieron de Barcelona una potencia comercial en el Mediterráneo de los siglos oscuros.

sábado, 11 de junio de 2011

Vuela, vuela.

lunes, 16 de mayo de 2011

Brisa

Cristales de sal, cristales de cielo.
La brisa en mi cuello, juega y ríe, ríe y vuela.

Qué delicia, trocitos de lila entre el terciopelo verde,
caen sobre el paseo.

Qué alegría, los pajarillos vuelven, sus cuerpecitos agitados,
en mi ventana dorada.

María Ramírez (Registrado)

viernes, 15 de abril de 2011

Muro de cristal

Tras el muro de cristal, todos bailan. Risas y amores, luz y fuego.


Prisión de cristal, frío y silencio. Muchos miran, ninguno la quiebra.


Sangra mi herida. Muchos anhelan, ninguno se arriesga.


Qué diera por ser piedra, ser aire, ser nada.


María Ramírez (Registrado)

domingo, 10 de abril de 2011

miércoles, 12 de enero de 2011

La noche. Viaje a otra realidad.

He descubierto la obra de Murakami, el estupendo escritor japonés, durante mi viaje de navidad. Me gusta su estilo, directo, contemporáneo, y, a la vez, sugerente, imaginativo, misterioso.
Cuando acaba el día en la gran ciudad y llega la noche, aparece otra realidad, otro mundo.
Los personajes deambulan por solitarios parques y calles, rodeados por estridentes luces de neón, confiesan deseos, temores y secretos en lánguidos locales, o dormitan en inquietantes estancias. Cuánta soledad e incomprensión, cuánto sufrimiento e insatisfacción. Las reglas del día no existen, y la comunicación es más fluida y sincera. Auténtica. Alivia y llena el corazón. La comunicación nos hace mejores como seres humanos.
Pero la oscuridad hace visibles otros mundos paralelos. Las criaturas de la noche, aquellos que viven en un submundo criminal, se enseñorean de la ciudad. Y aparece lo surreal, lo que me ha gustado especialmente. El autor introduce inquietantes visiones de realidades paralelas, oníricas. Atrapados al otro lado del espejo, del televisor, los personajes nos contemplan, ensimismados, desesperados.
Vuelve la luz, y todo retorna a su lugar. Sin embargo, la noche ha dejado su huella. Para unos, la comprensión, la esperanza, el amor,quizás, para otros, el sufrimiento, el tormento, el temor. Todos, en suma, forman parte de un enorme organismo vivo, la ciudad, la Humanidad.