Este verano, antes de viajar a Barcelona, he leído "La catedral del mar", de Ildefonso Falcones. A pesar de cierto sentimentalismo y algunas situaciones algo forzadas, en conjunto es un libro interesante y bien ambientado desde el punto de vista histórico. Me ha resultado muy sugerente visitar unos días después la zona antigua de la ciudad. Al anochecer, recorrer en soledad las estrechas y sombrías callejuelas medievales , farolas mortecinas, losas de piedra, el silencio de siglos, y el olor, el olor del pasado.
Aún se puede ver la puerta de la Madrona, y restos de las murallas. El barrio gótico, con el "call", la zona de los judíos, la catedral, algunas plazas, y, por supuesto, la impresionante Santa María del Mar, en el barrio de la Ribera. En el templo, al situarse en el crucero, se puede observar las figuras de los "bastaix" representados en las vidrieras de la izquierda, cargando las piedras para su catedral sobre sus espaldas, conmovedor espectáculo de la credulidad humana y los abusos que sufre. También son interesantes los medallones con figuras situados en el centro de las nervaduras de cada tramo de bóveda de la nave central. Y, por último, la maqueta de la Barcelona medieval que hay en el vestíbulo del Museo Marítimo, las Drassanes (o atarazanas), permite hacerse una idea de la disposición de la ciudad en la época. Y mejor si se visita el museo y se contempla el edificio y las embarcaciones que hicieron de Barcelona una potencia comercial en el Mediterráneo de los siglos oscuros.
